LA ESCLAVITUD DEL PERDÓN

Llevo un tiempo reflexionando sobre el perdón, sobre cuál es la línea que define lo que es perdonable de lo que no... y creo que estamos en una sociedad con un nivel de automoralidad fingida tan grande, que todo es perdonable si se pide como es debido, independientemente de la naturaleza del pecado.

 Y te juzgarán si no lo haces, porque si te han pedido perdón... qué más quieres?

 Pues yo no estoy de acuerdo, y estoy harta de ese derecho a hacer daño que hemos otorgado, cediendo terreno poco a poco, con la certeza de que tienes que perdonar o pasarás de ser la víctima al verdugo. 

 No quiero. No me da la gana.

No me da la gana perdonar, ni olvidar, ni tener que seguir adelante cuando creo que eres poco menos que un infrahumano. Porque para perdonar ya está Dios o los seres con ese nivel de paz mental que ni siquiera me planteo ni me gusta. 

No me da la gana perdonar todo, y no soy mala persona por ello. 

Te bombardean con el empoderamiento de la mujer, con la liberación... pero cuidado con no perdonar al que ofende. No señor. Parte de mi empoderamiento es hacer y sentir lo que me da la gana, pedir perdón en ningún caso te obliga a aceptarlo. Y puedo vivir con ello, y además vivir muy feliz. 

Es liberador mandar al carajo y sentirte, al fin, libre.

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